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¡Hola de nuevo!

Estoy aquí para traeros la actualidad: ya ha salido publicado mi artículo de la cena con Carmen Lomana en Yo Dona, sábado 26/05/2012. En portada: Vanessa Paradis.

Y si me queréis ver en acción, mirad el vídeo!

 http://www.elmundo.es/yodona/bidi/2012/05/369/actualidad/index2.html (Segundo -0,42)

Son unos poquitos segundos pero me han hecho mucha ilusión. 🙂

De cena con Carmen Lomana

Hola, querid@s lector@s, 

Hoy voy a romper un poco la monotonía y voy a relataros la historia que tanto ansiáis conocer: mi viaje a Madrid y la cena a solas con Carmen Lomana, de la mano de la revista Yo Dona

¿Cómo sucedió todo? Resulta que Yo Dona convocó un concurso con motivo de su séptimo aniversario. Me atrajo uno de los premios que proponían: una cena con Carmen Lomana. Participé y, para mi sorpresa, gané. Viví esos momentos con incredulidad y alegría. Lo que me intrigaba de cenar con ella era el hecho de poder conocer de cerca a una persona que ha tenido y tiene una vida tan diferente a la mía. Me encanta conocer a gente nueva, y más si te pueden aportar nuevas experiencias y visiones diferentes a la tuya, respecto a la vida en general. También quería comprobar si esa imagen que se vende de ella, de mujer fría y distante, se corresponde con la realidad. Y debo deciros que no es así, en absoluto. La primera muestra de solidaridad la tuvo conmigo, en el momento en el que accedió a celebrar la cena en el día en que a mí me fuera bien, renunciando a disponer de su tiempo libre para su descanso y disfrute. Por otro lado, también me interesaba recibir sus recomendaciones acerca de cómo encaminar mi empresa, ya que ella es empresaria y buena gestora de su patrimonio, además de estar vinculada al sector de la moda y la belleza. Toda una escuela para mí.

Y la aventura comenzó: viajé a Madrid más feliz que unas Pascuas con mi maletita a cuestas. Al salir del metro, recibí una buena bofetada de calor. Dios mío, 33ºC, ¡y en Barcelona estábamos a 20! Mis vaqueros largos Levi’s y yo, casi morimos por asfixia. 

Me dirigí al Hotel de las Letras, ubicado en plena Gran Vía, lugar en el que Yo Dona tuvo la gentileza de hospedarme. Bueno, a este hotel le dedicaría un post entero. Desde aquí les felicito por el excelente servicio, la amabilidad, y, cómo no, por la decoración. Al entrar en mi habitación me sentí emocionada de estar en un lugar tan confortable y limpio donde todo estaba escogido con sumo cariño. ¡Hasta me sentí importante! jaja Los techos altos y blancos, en contraste con las paredes rojas, imponentes; una amplísima cama blanca que me dio la sensación de que, si me subía en ella, viajaría a través de los sueños cual Aladino en su alfombra voladora. Un texto de Kafka en la pared. (Arte). El baño era una monada: todas las paredes eran de baldosa de gresite, muy amplio y cálido debido a la tenue luz. En el interior del armario, tenía preparado mi albornoz (bueno, había dos albornoces, pero no iba acompañada) con unas zapatillas de esparto en los bolsillos (material que venero fervientemente, no sabéis la ilusión que me hizo). Así que no me lo pensé dos veces: me llené la bañera con agua y jabón y me metí dentro para quedarme totalmente relajada. Venía tan acalorada que me sentó de fábula. Sólo me faltó una bandeja con uvas. ¡Hasta me hice la manicura en el agua! (No lo recomiendo, es complicado y puedes tener algún imprevisto. Pero lo hice porque quedaba muy glam). Después me arreglé (se hizo lo que se pudo), y me marché al encuentro de mi regalito… 

EL PUEBLO MÁS CERCANO. Mi abuelo solía decir: “La vida es asombrosamente corta. Ahora, se comprime tanto en mi recuerdo que apenas comprendo cómo un hombre joven puede decidirse a cabalgar hasta el próximo pueblo sin temer -dejando aparte casualidades desgraciadas- que el tiempo de una vida normal y feliz pueda alcanzar para semejante viaje.” Franz Kafka (1883 –  1934).

 Llegué al restaurante Rubaiyat y allí me esperaba el equipo audiovisual de Yo Dona que iba a grabar nuestro encuentro. Debía tener yo cara de intriga porque me reconocieron nada más verme. “¿Eres Alba?” Estuvimos charlando distendidamente, haciendo pruebas de luz con la cámara, hasta que apareció, increíble, Carmen. Ella es la clásica mujer que transmite sabiduría, elegancia, un savoir-faire que asusta y te hace cuestionarte, constantemente, acerca de tu persona y comportamiento. Una mujer lista y bella, educada y servicial, cercana y sensible. Me alegró que al verme exclamase: “¡Eres ideal!” Me ayudó a relajarme, aunque confieso que, más que nerviosa, me sentía alegre y expectante. Fuimos al Hall del restaurante y allí, el cámara nos filmó. Micro en mano, tuve que explicar porqué había participado en el concurso y cuál era mi interés en Carmen. Creo que lo hice bien. Al menos eso opina Carmen, y si ella lo dice, va a misa. (Luego me percaté de que la gente nos miraba. ¡Menudo numerito! jaja). Y la cena fue genial. Charlamos acerca de mil cosas: temas íntimos y personales, política, historia, trabajo…  Entre tanto y tanto íbamos twitteando algunas fotos y Carmen me dedicó twits la mar de cariñosos. Mi reciente pero ya gran amiga Migi Solini, se encargó de enviarme esta captura de pantalla:

Y cuando nos quisimos dar cuenta nos dieron la una de la mañana. Por cierto, el restaurante es de categoría, la comida exquisita y el servicio inmejorable. Lo recomiendo y yo soy paladar exigente. En este punto, Carmen volvió a solidarizarse conmigo llevándome a tomar una copa con sus amigos. (Os envío un saludo: Emiliano, Demo…) Ella se sentía muy cansada pero prefirió llevarme a conocer la noche madrileña antes que dejarme en el hotel pronto. Y se lo agradezco mucho. Como os decía, es servicial y atenta. Así que conocí a algunas de sus amistades mientras saboreaba un Mojito (yo, ella no toma alcohol), y mientras tanto, Carmen se dejaba fotografiar con unas cuantas fans que, al verla, no dudaron en acercarse y saludarla tan emocionadas como si no hubiera un mañana. Qué felicianas…

A Carmen le encantó mi vestidito de Mango de esta temporada. 🙂

Un rato después, nos montábamos de nuevo en el coche de Carmen y me llevaron al hotel. Pero antes de despedirnos Carmen prometió que, si viene a Barcelona, me avisará. Y yo confío en ella. Desde aquí, Carmen, decirte que lo pasé genial, que repetiría esta experiencia mil veces y darte las gracias por haber aceptado esta propuesta de Yo Dona. Y a Charo Izquierdo, directora de la mencionada revista, agradecerle enormemente el haberme brindado esta aventura tan y tan gratificante y emocionante que he vivido. Todo lo relatado con palabras no refleja ni la mitad de la emoción que sentía. Por cierto, quiero hacer un llamamiento a que el próximo sábado 26 de mayo compréis El Periódico o El Mundo para así adquirir vuestro ejemplar de la revista Yo Dona (suplemento de ambos diarios), donde se publicará mi artículo y podréis ver fotografías de ambas. Además, se publicará en el blog de Yo Dona el vídeo que grabamos en el restaurante. ¡Iré colgando las actualizaciones!

Mi fin de semana no pudo acabar mejor: a las 9 de la mañana recibía en mi habitación un English Breakfast delicioso. Al mediodía me fui de ruta turística con mi primo, mi querido Kenneth, que vive en Madrid, y me llevó a dar un paseíto bajo ese Sol infernal (jaja, Kenneth, volví morena 🙂 ) y a comer con él. Y a la tarde, de vuelta. ¡Un fin de semana ideal!

¡Un día es un día! Té negro, zumo de naranja natural, pan integral tostado (para compensar con los minifrankfurts y huevos revueltos… 😉 Eso sí, la mantequilla ni la abrí. Con estas vistas:

La pena que me dio tener que abandonar tan estupendo hotel…

¡See you soon, Madrid!


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